Responsabilidad por venta de producto defectuoso.
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Responsabilidad por venta de un producto defectuoso.

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13 Oct Responsabilidad por venta de un producto defectuoso.

Recientemente, a colación de todo lo ocurrido con el Samsung Galaxy Note 7, (enlace a la noticia) unos amigos me preguntaban si, al margen de la decisión que para este modelo de móvil ha tomado la compañía surcoreana (paralización de ventas y sustitución de terminales), generalmente conlleva responsabilidad del fabricante que un producto sea defectuoso y/o inseguro. Aquella conversación me sirve de baza para informaros, a vosotros también, de lo que nuestro ordenamiento jurídico recoge acerca de esta cuestión.

En primer lugar, señalar que el productor ha de responder por el producto defectuoso. Pero, ¿es esto así? Es aquí el momento de la conversación donde surge el tradicional “depende” (y no de según como se mire), pues sería más acertado concebirla como responsabilidad objetiva relativa[1]. ¡Anda! ¿Y por qué relativa? ¿Se contradice la Ley? No, sino que al perjudicado[2] le basta con probar el defecto, el daño y la relación de causa-efecto, pero se permite al productor exonerarse de responsabilidad en determinados supuestos.

En España dicho régimen de responsabilidad por los daños ocasionados por producto defectuoso se regulan en la Ley General de Consumidores y Usuarios de 2.007, TRLGDCU en lo sucesivo, que transpone la Directiva 1985/374/CEE, concretamente en sus artículos 135 y ss. Norma que si bien establece, como principio general, que «[l]os productores serán responsables de los daños causados por los defectos de los productos que, respectivamente, fabriquen o importen» (ex art. 135 TRLGDCU), recoge una serie de causas de exoneración de responsabilidad (art. 140 TRLGDCU) que no están exentas de polémica.

Una de las causas de exoneración que más polémica plantea es aquella que deriva de los riesgos del desarrollo (art. 140.1.e) TRLGDCU) en la medida en que permite no responsabilizar al productor si es capaz de demostrar que no pudo apreciar el defecto en el momento de la puesta en circulación del producto dado el estado de los conocimientos científico-técnicos de ese momento. Asimismo existe una responsabilidad económica limitada con un mínimo, una franquicia de 500,00 €, que sirve de mínimo sobre el cual el productor no responde, y con un máximo (art. 141 TRLGDCU). Pero es más, otra crítica de la actual regulación, lo esel esfuerzo y coste que en algunas ocasiones puede suponer la carga de la prueba (del demandante perjudicado), no solo económico, sino por lo dificultoso de acceder a la información; hecho que puede suponer un freno a la prosperabilidadde cualquier demanda (imaginemos que la Guardia Civil no hubiese indagado en las propiedades del aceite de Colza, ¿podrían haber podido recurrir los perjudicados sin las periciales practicadas?).

Además hay límite temporal para emprender acciones judiciales contra los productores, a saber: 3 años desde que se ocasiona el perjuicio (ex art. 143.1 TRLGDCU) o 10 años desde que el producto se pusiera en circulación (ex art. 144 TRLGDCU).

Es aquí donde me interrumpen y me preguntan, poniendo el matiz en el asunto del Galaxy Note 7: ¿qué ocurre en caso de que no todos los móviles (Galaxy Note 7) hayan ocasionado daños (explosión de baterías), pero se conoce que podrían?

Sobre la potencial consideración como defectuoso por el hecho de que productos de la misma serie o partida de producción lo sean ya trató el Tribunal Supremo[3], en un caso similar y dispuso que «el hecho de que no se demostrase de manera definitiva la [peligrosidad] del producto no obsta a su carácter defectuoso, pues producto defectuoso no es solamente el tóxico o peligroso, sino también aquel que se pone en circulación sin las comprobaciones suficientes para excluir la existencia de dicha toxicidad o peligrosidad»; aunque más recientemente ha sido tratada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea[4] que si bien enjuicia un caso donde el producto es un marcapasos, podemos hacer acopio de la fundamentación que da para considerar el carácter defectuoso de un producto por el hecho de que otros de la misma serie presenten disfunciones, aunque en un aparato en concreto no se haya detectado defecto alguno[5].

Las conclusiones de la misma, grosso modo, vienen a establecer que en el caso de un producto es defectuoso desde el mismo momento en que el propio productor aconseja su sustitución por considerar que presenta unos riesgos superiores a los habituales y, por tanto, a los tolerables. Más concretamente, lo que se argumenta es que el defecto consiste en la falta de seguridad que cabe legítimamente esperar, lo que concurre por el hecho del riesgo de que el producto concreto pueda provocar daño (quemaduras por la explosión de la batería); por lo que no es exigible al perjudicado que espere a ver si su concreto dispositivo funciona o no.

En este caso en concreto, la potencial peligrosidad que el producto presenta, el nexo de causalidad –demostrar que el defecto ha causado el daño en concreto– no se da, ni se tiene porqué dar en la medida en que no tiene que llegar a producirse el daño (no es exigible a los usuarios del Galaxy Note 7 que lo esperen). Ello solo es una muestra de la polémica sobre esfuerzo probatorio que anteriormente trataba, lo que conlleva a los perjudicados a realizar un esfuerzo menor –o nulo en este caso en concreto– de cara a demostrar el carácter defectuoso del producto.

¿Pero Samsung ha actuado por voluntad propia o hay normativa alguna que le haya obligado a tomar dicha decisión (retirada y sustitución de terminales)? Es aquí donde entran en juego las normas por responsabilidad, como son las tratadas anteriormente (Directiva y TRLGDCU); pero, también, las preventivas. Así, el art. 1.1 de la Directiva 2001/95, sobre seguridad general de los productos, obliga a la retirada de los dispositivos en caso de que se haya comprobado el riesgo que suponen los mismos. Por lo que en parte para evitar un aluvión de demandas, en parte para mantener una buena imagen corporativa ha tomado tal decisión.

En conclusión, si bien demostrar el carácter defectuoso de un producto es tarea ardua, no es menos cierto que no es un imposible. Aunque la prueba sea lo más trabajoso en este tipo de reclamaciones, no ha de suponer un desaliento a reclamar por los daños, o los potenciales daños que se conozcan, para ver reconocidas las expectativas legítimas de seguridad que todo producto en circulación debiera conllevar.

¿Te ha parecido interesante el artículo? Anímate a preguntarnos, o dejarnos un comentario con tu opinión. 🙂

Juan Carlos Guerrero | Abogado en López de Castro Abogados Sevilla.

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[1]López-Brea López de Rodas, J.“Los daños causados por productos defectuosos”. Revista CESCO de Derecho de Consumo, Núm. 7/2013, disponible online en https://www.revista.uclm.es/index.php/cesco/article/view/128/307

[2] La literalidad del art. 128 del TRLGDCU ha dado pie a posicionamientos a favor de incluir en el ámbito de protección de dicha norma a aquellos perjudicados no consumidores.

[3] Tribunal Supremo, sentencia de 9 de diciembre de 2.010.

[4] Tribunal de Justicia de la Unión Europea, sentencia de 5 de marzo de 2.015, asuntos C-503/13 y C-504/13.

[5] Dicha sentencia es objeto de estudio por Parra Lucán, M.A. “Sobre si un producto es defectuoso por los riesgos que presenta aunque no haya causado un daño y sobre si los gastos de retirada y recuperación son indemnizables”. Revista CESCO de Derecho de Consumo, Núm.13/2015, disponible en https://www.revista.uclm.es/index.php/cesco/article/view/720/592

 

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