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El precio del dolor

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05 May El precio del dolor

En ocasiones leemos titulares del tipo “condenan a indemnizar 100.000,00 € por daños morales a X”, sin embargo, dicho titular no precisa cómo se ha puesto precio a dichos daños. En otras ocasiones ciertos clientes exigen que demandemos a ciertas personas o empresas para que le paguen los daños morales sufridos. Establecer un criterio objetivo para el cálculo del importe que corresponde a una indemnización por daño moral es difícil, pues ha de estarse caso a caso.
Arrojar un concepto de daño moral conlleva un ejercicio doble: (1) asimilar que se está“patrimonializando” algo que es un abstracto que, a priori, no goza de valor económico por escapar de la esfera de lo material. Y, (2), dada la ausencia de definición única, utilizar una definición negativa contraria a la definición de daño patrimonial. Y es que, en ocasiones, el desasosiego, la angustia, la zozobra o la intranquilidad que provocan ciertas situaciones en las personas son merecedoras de cuantificación que, a veces lo será en dinero, y otras veces lo será en actos o gestos del condenado a satisfacer la indemnización.

Las situaciones de las que comentaba anteriormente pueden abarcar un abanico tan dispar como pueden ser escenarios en los que junto al daño moral, tristemente, la muerte o el padecimiento físico van de la mano; o situaciones en las que nada tiene que influir el perjuicio físico personal. Es decir, nos podemos encontrar ocasiones donde el daño moral va derivado de un accidente de aviación o circulación (por ejemplo), otras en las que el origen surge en la mala ejecución de las obligaciones de un contrato de catering en una boda, incluso otras como la inclusión errada en el Registro de Morosos, y así un variado cóctel de situaciones que si bien pueden parecer muy diferentes ocasionan la misma perturbación, aflicción, comezón o desvelo digno de indemnizar.

Sin embargo, ¿cómo se calcula la indemnización que corresponde a tales daños morales? Para dar respuesta a esta cuestión nuestro Tribunal Supremo refiere que «la cuantificación de la indemnización […] debe cubrir todos los daños y perjuicios sufridos hasta conseguir la reparación integral de los mismos y con ello la indemnidad del derecho subjetivo o del interés lesionado». «Ello incluye la reparación del daño moral, a cuyo efecto ha de tenerse en cuenta que el resarcimiento del daño moral por su carácter afectivo y de pretium doloris, carece de módulos objetivos, lo que conduce a valorarlo en una cifra razonable, que como señala la jurisprudencia, siempre tendrá un cierto componente subjetivo, debiendo ponderarse todas las circunstancias concurrentes en el caso».

Es decir, habrá de estarse caso a caso, y, en todo caso, la utilización de algún baremo objetivo (como la escala de ansiedad de HAMILTON, el cuestionario de depresión de BECK o la escala de inadaptación de ECHEBURUA y CORRAL) puede ser admisible, pero siempre y cuando se utilice con carácter orientativo y no vinculante, ya que debe precisarse y modularse al caso concreto en el que surge la responsabilidad patrimonial, sin perjuicio,claro está de la incidencia que debe tener la existencia de precedentes jurisprudenciales aplicables al caso que nos ocupe. Por ello, y aunque utilicemos una serie de criterios de medición objetivos e incluso establezcamos una media aproximada del monto indemnizatorio en casos similares al nuestro, la cuantificación del daño estará sujeta al criterio del Juez quien, en última instancia, y tras valorar y ponderar todas las circunstancias del caso es quien, caso de proceder la indemnización, la cuantificará.

Si bien es cierto que la regulación de nuestro derecho de daños tiene origen en la época romana, hoy día, varios siglos después, tanto la doctrina como la jurisprudencia no son pacíficos a la hora de regular esta cuestión. Ahondando en el debate: ¿hemos de entender que únicamente será resarcible aquella situación que vaya en menoscabo de los sentimientos de las personas; o, podríamos extender las indemnizaciones de daños morales al agravio sufrido en el prestigio de entidades jurídicas (ej. las empresas)? Sobre esta última cuestión CASADO ANDRÉS, B. ya se inquietaba hace unos años (2), determinando que en nuestro ordenamiento jurídico cada vez vacila menos en el otorgamiento de la indemnización por daños morales a empresas.

(1)En este sentido son múltiples las condenas a solicitar el perdón de la víctima, por ejemplo, en casos de terrorismo

(2) CASADO ANDRÉS, B. “El daño moral en las personas jurídicas”. Noticias Jurídicas [en línea], 1 de marzo de 2.012. Consultado el 16 de abril de 2.016]. Disponible en: http://noticias.juridicas.com/conocimiento/articulos-doctrinales/4760-el-dano-moral-en-las-personas-juridicas-/.

Juan Carlos Guerrero Marín | Abogado en López de Castro Abogados.
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